Luego de varios meses de ostracismo mediático, la ganadora del “Bailando por un sueño 2007” hizo su reaparición pública esta semana en un evento solidario, discretamente vestida y del brazo de su marido, el empresario Claudio Minnicelli. Y, aunque no quiso dar demasiados detalles, explicó que su inactividad profesional tiene un motivo muy claro: la tutela de dos niñas tobas que conviven con el matrimonio y su hijo adolescente, Uciel.
Tras la fallida experiencia con el restó D’Rucci, las cosas en el matrimonio dejaron de funcionar, y en el verano de 2009 ella se declaró separada. “Cuando me casé con él pensé que lo estaba haciendo para toda la vida... Pero el destino nos tiene deparadas situaciones inesperadas y ésta es una de ellas”, asumía la vedette. Inmediatamente se la relacionó con un modelo marplatense, aunque ella prefirió desmentir las versiones.
Poco después, trascendió que la pareja se había reconciliado, pero Rucci se llamó al silencio y abandonó definitivamente su alto perfil en pos de una vida más familiar y menos mediática.
“Hace mucho que perdí el interés en lo que dicen de mí. Creo que fue cuando maduré y no necesité más la aprobación de los demás”. Sin empleo pero feliz, divide su tiempo entre su casa y la chacra que posee junto a su marido en la provincia de Buenos Aires. La pesca y la cocina siguen siendo sus aficiones predilectas, y desde hace algunos meses su mesa familiar pasó de tres a cinco integrantes. “Estoy en el periodo de adaptación de dos nenas que tengo bajo tutela”, contó, al tiempo que aclaró que no se trata de adopción total porque son de pueblos originarios tobas y quiere que “mantengan sus orígenes”.
En la noche del miércoles, enfundada en un discretísimo vestido negro largo, Rucci reapareció en la 16º Cena y Kermesse Solidaria organizada por la Asociación de la Casa de Ronald McDonald. Se la vio feliz, pero muy lejos de la diosa sensual y atrevida que supo copar las tapas de revistas masculinas.
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