
Es que ni siquiera los tratamientos antigrasa ni el bronceado logró esconder las marcas en las piernas de la rubia, que solía correr por la playa en una ajustada malla roja, pero ahora exhibe las marcas del tiempo en todo Los Angeles.
Sin embargo, Anderson, de 42 años y varios divorcios a cuestas, no se preocupó en camuflar su celulitis. Es más, ni siquiera parece importarle.

